Ella era perfecta. (Intermitoria en un hotel de paso).

El corredor era más oscuro de lo que debía. El silencio, acentuado por la lejanía de un lugar que no pertenece, daba la sensación de que todo era demasiado grande. Al subir las escaleras, el olor a pintura reciente, metamorfoseaba lo tétrico a fétido, sobre todo en ese cuarto de piso amarillo que a pesar de su color natural podía apreciarse percudido.

Una y otra y otra y otra y otra vuelta. El ventilador hacía mecánica y rítmica la sensación de asco y mareo, y no era del todo útil tratándose de desecharla, pues además el asco se acentuaba por los secretos de un colchón viejo y roído; por el caminar cínico de una cucaracha de ésas precisamente, que sólo pueden existir en el sur. – Qué valiente era Marijose para quemarlas vivas, igual que a las tarántulas. Decía que si no, la pelucilla se le encajaba a los niños en sus patitas-.

El agua, al menos, era como en todos lados. La envolvía, la sacudía, la atrapaba, la acariciaba. Le dejaba saber que sólo la necesitaba a ella y a su textura total… libre sin forma específica, capaz de tomar la que fuera; suave y delicada.

…lloverse toda, ser gota grande y agresiva, ya no delgada, pequeñita, débil…

Resbalar por los azulejos de vaho… desaparecer.

Era perfecta. No intentaba esconder sus triangulitos geométricos de pezón oscuro y saltado, de los ojos que a falta de vidrios “chinitos” en la ventanilla de lámina que daba al corredor, intentaban no sólo el placer de la belleza, del morbo o del deseo, sino el de invadir, adueñarse y poseer; el de arrebatar y burlarse del que ni siquiera lo sabe.

Sumida en la ausencia, no existían vouyers entrometidos ni historias contadas por un espejo roto y opaco, ni salivas o lágrimas guardadas en un lavabo; mucho menos pastillas de baño de las que pretenden oler a limpio y se asocian con aromas transparentes pero tan perceptibles…

Era perfecta, porque el agua era la vida entera y ella también.

~ por nohemundi en Septiembre 24, 2008.

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