verdad onírica
Estoy frente al mar. Reconozco esa fascinación en su primera fase, la contemplativa. La de ver a los surfistas en su complicidad con el agua y con la vida. El reflejo del sol. La brisa.
Estoy sola. Concentrada en el mar. Siempre hay gente querida alrededor pero parece que no existen porque algo me aisla de ellos…
Algo está cambiando…como cuando vas a estornudar; es una sospecha, una sensación conocida. Luego, como en una buena película hay un engaño fascinante porque la escena que estoy viendo me toma totalmente por sorpresa.
Comienza a subir. Tres metros. Cinco metros. Diez. Tal vez veinte o treinta. Una ola gigantesca y ancha. Me veo inmóvil; pasmada en el asombro. Todo el miedo y toda la paz. Me quiero quedar en este instante para siempre.
- Qué pequeña que soy –
¿Dónde están los demás? Busco y no encuentro. Floto, respiro. Estoy en una caja de cristal. Agua por arriba y por abajo, por todos lados; se revuelve pero lentamente. Es clara y puedo ver. La caja se mueve.
Cuerpos. Angustia. No puedo hacer nada.
-Si he de morir que sea en el mar… Donde me siento más viva -





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