sabiduría infantil
Cuando era chiquito, Hércules Arteaga nunca se perdía. Se soltaba de la mano de su mamá para ir a ver películas pirata y videojuegos; en medio del gentío del tianguis volteaba hacia arriba y veía algodones, vasos de yogurt con fruta, donas y churros, “chocomiles”. Hacia abajo, más cerquita, veía zapatos aviejados, amontonados entre charolas viejas de Coca-Cola, imágenes de vírgenes y santos, martillos y discos LP. Por un momento, se sentía perdido. Entonces volteaba a su manita y encontraba el lunar en la palma. Se tallaba fuerte fuerte y como no se le quitaba, sabía que era él. No estaba perdido.

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