la importancia de hacer papalotes y otras cosas
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¿V
erVerdad que yo también voy a ser artista como la de la cuchara? Me dijo María Fernanda cuando terminó su cuadro.
Lápices de colores, gises, acuarelas, arena, pegamento, tela, papel corrugado… y una cucharita de aluminio pintada a mano, puesta con la intención de moverle un poco los esquemas de lo que se pinta o no y con qué se hace. Ahí lo tenía todo para empezar.
- ¿La compraste en el mercado? Me preguntó cuando vio emocionada el utensilio “de cocina” y todos los materiales para el cuadro que inventaríamos juntas. –No, se la compré a una artista…
Sin ser especialista en educación para niños de preprimaria, creo que lo emocionante para ella fue observar toda la materia prima para jugar y explorar posibilidades; haríamos algo juntas y al final tendría “un cuadro”, un objetivo cumplido tras un proceso. Es decir, un proyecto. Me gusta la asociación que tiene con “proyectar “: vislumbrar, imaginar cómo será algo que no existe; soñar.
En el sistema universitario, el aprendizaje basado en proyectos, Project Oriented Learning o POL, como se le llama por sus siglas en inglés, prepara a los alumnos para la realidad después de graduarse. Usualmente los proyectos solucionan una problemática real en la comunidad, o en una empresa u organización. POL se enfoca en una actividad realizada en equipo. Los alumnos cuentan con el apoyo de varios asesores especialistas en diferentes áreas que impartirán sesiones teóricas y asesorarán de manera personalizada a cada grupo. Un proyecto tiene un tiempo y recursos limitados así como un objetivo específico que debe cumplirse al final. Es decir, importa el proceso pero también el resultado. Un asesor a cargo, puntualiza dicho objetivo y recursos, pide a los alumnos que hagan su plan de trabajo con tiempos para cada tarea y roles para cada miembro del equipo. Además, les pide relacionar la teoría estudiada con la solución del problema; documentar su proceso de aprendizaje, hacer pruebas de funcionamiento y, finalmente, presentar sus resultados . Un proyecto puede durar dos semanas, un mes o todo el semestre dependiendo de su naturaleza.
Esta técnica permite a los alumnos permanecer motivados, aprender haciendo y aprender el uno del otro. Fomenta la capacidad para investigar por cuenta propia y en equipo y, cuando lo necesitan, complementar su aprendizaje con la asesoría de especialistas. Un proyecto bien planeado estimula a los alumnos a que sean independientes, responsables, con un alto nivel de compromiso y capaces de trabajar en un equipo que bien acompañado puede ser de alto desempeño. Por ello, trabajar en proyectos requiere de una moderación muy cuidadosa y también colaborativa por parte de los asesores. Es necesario saber cuándo intervenir, cómo motivar cuando no se está dando el resultado; mediar cuando hay algún problema interpersonal entre los miembros del equipo, pero también saber retirarse y dejarlos solucionarlo por su cuenta. En un proyecto, será necesario acompañar con paciencia.
Cuando me capacité en esta técnica didáctica, me pareció muy interesante que mis compañeros y yo tuviéramos que hacer un molino de viento, una envoltura original de regalo y … ¡un papalote! (que además realmente emprendiera el vuelo). Uno de mis colegas mencionó que sería buena idea hacer un papalote con los hijos y adaptar la metodología POL en lugar de comprarlo.
Hacer un pastel o una piñata con los niños, un video familiar, arreglar el jardín; escribir un libro de cuentos, pintar la casa… Hay mil maneras de inducir a los niños y jóvenes tanto en la educación formal como en la informal a aprender haciendo proyectos. Si se les prepara para disfrutar el trabajo en equipo, hacer pruebas, escuchar, aceptar la crítica y reflexionar desde niños, estarán muy bien preparados para aprovechar esta estrategia en la universidad.
Y para muestra… un botón. Manuel Agüero, ahora ex alumno de Ciencias de la Comunicación, presentó el año pasado un proyecto. Se trataba de un libro de fotos que pretendía publicar. Pensó en involucrar a la comunidad a través de la escritura de haikus de cada foto incluida. Presentó el proyecto de una manera muy convincente y profesional, recibió el apoyo económico para la publicación por parte del Campus. Luego convocó a la comunidad a escribir; diseño la portada y la contraportada y cada una de las páginas del libro; revisó todo el proceso de impresión, invitó a otros a escribir, presentar y prologar. Durante el proceso yo admiré su constancia, disciplina, motivación y capacidad de convocatoria para que el libro fuera de muchos y no sólo suyo. La presentación fue muy emotiva y lo que más recuerdo fue esta frase: “todo esto empezó cuando mi papá me regaló una cámara en mi niñez”.






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